Durante años, la formación en yoga se ha centrado principalmente en el aprendizaje de posturas, secuencias y ajustes. En muchos casos, este enfoque es suficiente para guiar clases en estudios o espacios donde las personas llegan con cierta estabilidad física y emocional.
El problema aparece cuando ese mismo marco se traslada, sin revisión, a contextos de vulnerabilidad. Acompañar a personas mayores, pacientes, personas con discapacidad, con dolor crónico, con experiencias traumáticas o en situación de exclusión social plantea preguntas muy distintas. Y exige algo más que buena voluntad o una formación general.
Cuando el contexto cambia, la responsabilidad también
No es lo mismo guiar una clase grupal en un estudio que entrar en un hospital, una residencia o un centro social. Tampoco es lo mismo acompañar a personas que eligen el yoga como actividad de ocio que a quienes llegan atravesando momentos complejos de su vida.
En estos contextos, el yoga deja de ser solo una práctica física y se convierte en una experiencia que impacta en la percepción de seguridad, en la relación con el cuerpo y en la regulación emocional.
Y ahí, una formación estándar suele quedarse corta.
No porque esté “mal”, sino porque no está pensada para eso.
Saber yoga no es lo mismo que saber acompañar
Una de las confusiones más habituales es asumir que, si una persona sabe mucho de yoga, sabrá automáticamente adaptarlo a cualquier situación. En la práctica, esto no siempre es así.
Acompañar a personas vulnerables requiere comprender cómo influyen el trauma, el dolor, la enfermedad, el envejecimiento o la exclusión social en el cuerpo y en la experiencia de la práctica. Requiere saber leer señales sutiles, ajustar el ritmo, elegir qué proponer y qué no, y sostener espacios donde la seguridad no se da por sentada.
Nada de esto suele abordarse en profundidad en una formación estándar.
El riesgo de aplicar lo aprendido sin adaptarlo
Cuando se intenta acompañar a personas vulnerables solo con herramientas pensadas para otros contextos, pueden aparecer problemas que no siempre son evidentes a primera vista.
Una práctica puede resultar demasiado exigente, un silencio puede ser incómodo, una corrección bienintencionada puede vivirse como invasiva, y una consigna aparentemente neutra puede activar inseguridad o malestar.
No porque el yoga “sea peligroso”, sino porque no todo yoga es adecuado para todas las personas ni para todos los momentos.
Aquí es donde la falta de formación específica deja de ser un detalle y se convierte en una cuestión ética.
Acompañar implica saber poner límites
Otro aspecto clave que no siempre se trabaja en formaciones generales es la capacidad de reconocer los propios límites como profesora o profesor de yoga.
Acompañar no es intervenir, ni interpretar, ni “ayudar a sanar”. El yoga puede apoyar procesos de regulación, presencia y cuidado, pero no sustituye otros acompañamientos profesionales. Saber hasta dónde llegar y cuándo no hacerlo es una de las mayores muestras de responsabilidad.
Y esto también se aprende.
La importancia de una base formativa específica
Una formación orientada a acompañar a personas vulnerables no busca añadir más técnicas sin sentido. Busca ofrecer una base clara para tomar decisiones con criterio, adaptar con coherencia y sostener la práctica desde el respeto.
Implica revisar el rol de quien guía, el uso del lenguaje, la forma de proponer las prácticas y la relación con el grupo. Implica entender el contexto antes de actuar y priorizar la seguridad, la dignidad y la autonomía de las personas.
No se trata de “especializarse para hacer más”.
Se trata de formarse para hacerlo mejor.
Una mirada necesaria para un yoga más responsable
Cada vez más personas quieren llevar el yoga a espacios donde realmente se necesita. Esa motivación es valiosa, pero no basta por sí sola.
Si el yoga quiere ser una herramienta de cuidado real, necesita apoyarse en formación sólida y rigurosa, sensibilidad y responsabilidad. Necesita dejar de pensar que todo se resuelve con adaptar una postura y empezar a entender que acompañar a personas vulnerables es un compromiso profundo.
Porque cuando el contexto cambia, el yoga también tiene que cambiar.
Y eso no se improvisa.
Si te resuena esta forma de entender el yoga y quieres construir una base sólida para acompañar con criterio, adaptación y responsabilidad, puedes echar un vistazo a nuestra formación Fundamentos del Yoga Inclusivo.
Es el punto de partida para aprender a tomar decisiones con claridad y sostener prácticas seguras y respetuosas en contextos reales.